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Calima y clima

La cantidad de polvo atmosférico suspendido es un proceso relacionado con el clima. La creciente desertización de los territorios, bien por el cambio de uso de los suelos, bien por la mayor incidencia de la sequía, está provocando el aumento del polvo en la atmósfera.


Por otra parte, el incremento de las concentraciones de partículas en la atmósfera puede, a su vez, modificar el clima. Los dos aspectos se retroalimentan, el polvo afecta al clima y el clima determina la cantidad de polvo en la atmósfera.


La vida en la Tierra es posible gracias a un delicado balance de energías entre la luz solar que llega y el calor que produce la superficie terrestre. Este delicado balance es el que determina la temperatura en la superficie de la Tierra, siendo responsable en gran medida de su existencia un conjunto de gases que genéricamente llamamos “gases invernadero”. Dentro de este sistema, las partículas presentes en la atmósfera también juegan su papel. Estos materiales pueden reflejar o absorber parte de la energía, lo que se traduce en un efecto de enfriamiento o calentamiento. Existen variables como la concentración, la composición y las propiedades físicas de las partículas que determinan cuál será ese efecto.


Hoy sabemos que las concentraciones de polvo mineral han cambiado en las distintas épocas por las que ha pasado el clima de nuestro planeta. Esto lo ha puesto de manifiesto el estudio de muestras de hielo recogidas en el continente Antártico. El agua al helarse deja pequeñas burbujas de aire entre los cristales de hielo que son una muestra de cómo era la composición de la atmósfera en la época en que se formaron esos hielos. La determinación de la cantidad de gases y partículas atrapadas en esas minúsculas burbujas nos dicen, que durante los periodos fríos (épocas glaciares) las concentraciones de polvo eran muy altas y, por el contrario, las de dióxido de carbono eran muy bajas.


¿Podrían los gases invernaderos que están produciendo el calentamiento global del planeta variar en función de las concentraciones de polvo en la atmósfera? Esta es una de las preguntas a la que muchos científicos tratan de responder desde diversas perspectivas.


Una de las visiones más interesantes fue la aportada por el oceanógrafo John Martin (1988) y es conocida como la “hipótesis del hierro”. Propone que el hierro es un micronutriente esencial para la producción vegetal en las aguas del Océano Sur, de tal modo que su deficiencia en estas aguas es la que limita la productividad de las mismas. Ya que los minerales contienen hierro, un aumento de la entrada atmosférica de polvo a las aguas superficiales, podría incrementar el hierro, y éste podría estimular el crecimiento del fitoplancton. Como estos organismos pueden eliminar el dióxido de carbono atmosférico, en definitiva, esta hipótesis conduce a la idea de que la estimulación de la productividad de los océanos puede regular las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera.


La imagen del satélite SeaWiFS de la superficie del océano tomada 6 semanas después de la liberación del hierro durante el experimento SOIREE (2000) en una región del Océano Sur (61°S 141°E). El hierro disuelto en estas regiones estimula el crecimiento, se observa un incremento en Clorofila a (pigmento fotosintético del fitoplancton, indicador de la densidad celular.

Esta hipótesis no está exenta de gran controversia, sobre todo, por el hecho de tratar de esgrimir la “fertilización de los océanos” como solución al problema de la contaminación por dióxido de carbono frente a la disminución de las emisiones de gases invernadero requerida por el Protocolo de Kioto.